Las
propiedades curativas del barro
se fundan en el poder refrescante, desinflamante,
descongestivo, purificador, cicatrizante, absorbente
y calmante. El fango es de origen volcánico
y su composición química es carbono,
oxígeno y nitrógeno y en menor proporción
los minerales y oligoelementos como azufre, cloro,
sodio, potasio, magnesio, calcio, hierro, cobalto,
manganeso, cobre y zinc.
En las inflamaciones superficiales agudas como
picaduras de insectos, golpes, heridas o quemaduras
actúa por el frío y pierde su acción
descongestionante a medida que se va calentando.
En las congestiones de órganos internos
del cuerpo, en cambio sucede lo contrario, es
decir, mientras más se calienta el barro
aplicado sobre la piel, más se extrae hacia
fuera el calor interno que se combate. |